Polonia

Cada vez estoy más segura de que cuando viajamos las ganas de volver a hacerlo aumentan de forma considerable. En este caso, lo que motivo mis ganas de conocer Polonia fue dejar Holanda. Convencer a mis amigas fue trabajo fácil, porque

¿quién rechaza un viaje?

A Polonia íbamos solas, nadie nos esperaba allí. Aunque me encanta viajar, una de mis formas favoritas de hacerlo es con amigos que viven en los lugares que visito, porque es como camuflarse en el ambiente cotidiano de la ciudad por unos días.

Pero es solo preferencia personal, Polonia fue una aventura de las de verdad. Aunque no le sorprende a nadie, perdimos cientos de trenes, corrimos como si no hubiera mañana, dormimos en sitios que dejaban los lujos muy atrás, nos sentimos en mitad de la nada entre un idioma desconocido, pero evidentemente todo era mejor gracias a mi teoría de las personas que te hacen sentir a salvo.

Entre nuestras paradas se encontraban Wroclaw, Katowice, Cracovia y Varsovia. De todas ellas me quedo sin ninguna duda con Cracovia. No solo por como enamoraban los edificios y el ambiente de cuento, si no por todo lo que me hizo reflexionar acerca de los límites de los seres humanos.

Lo hablábamos durante el viaje, ¿visitar el campo de concentración de Auschwitz es inmoral? ¿Es un mal turismo? Puede ser, pero creo que es más lo que se consigue que lo que se pierde. A pesar de mi afición por la novela histórica, nunca había sido tan consciente de la maldad que podemos alcanzar los humanos.

¿Qué puede valer más que una vida? Esta pregunta rondaba en mi cabeza durante todo el viaje.

Otro de los motivos que hizo sumamente emotivo el viaje fue Paula, tras volver de Polonia ella y Gabriela nos dejarían en esta aventura Erasmus,  pero solo a modo de pausa hasta que nos reencontremos en verano…Nada ha vuelto a ser lo mismo sin ellas.

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